Son batas blancas y han sido la bandera de la revolución cubana por el mundo. Hoy, reconvertidos en puro negocio, son enviados por La Habana a los países más ricos del petróleo del Golfo. Decenas terminan desertando, hartos de tanta explotación y abuso. Tres de ellos nos lo cuentan. Se tuvieron que disfrazar de árabes para huir
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